Arely Villagrán

Arely Villagrán

Respiración Consciente

La respiración es uno de los procesos primordiales del cuerpo; sin embargo, tendemos a prestarle poca atención en nuestra vida diaria. Pero una vez que lo reconocemos y aprendemos a aprovecharlo, el poder de la respiración no tiene límites: potencia la autoestima y la capacidad de concentración, reduce el estrés y la ansiedad, mejora la calidad de la voz e incluso reduce el dolor. La respiración consciente, rítmica, suministra energía a nuestro cuerpo etérico y consolida  nuestra salud física.

La respiración es la energía vital que nos ancla, es nuestro poder. Nuestra respiración cambia cuando nos alteramos, por una situación de estrés, o de enojo e incluso de alegría.

La respiración es aquello que nos avisa de nuestro estado presente, por eso es importante hacernos conscientes de nuestra respiración.

Haciendo ejercicios de respiración, el cuerpo adopta un ritmo particular que nos permite llegar al alma a través de la personalidad. Cuando nos centramos en la respiración damos atención a un efecto del alma; así, nos acercamos cada vez más a ella, la forma física no es la que respira sino el alma. Ella está en una meditación rítmica constante. Su pulsación mantiene la respiración y la vida de la forma. La pulsación del alma continúa incluso después de la muerte del cuerpo. Por tanto, continuamos nuestra vida consciente cuando conectamos con esta pulsación.

La pulsación es el aspecto sutil de la respiración, y el aspecto sutil del aire se llama Prana. El elemento de aire construye un puente entre la conciencia separada y la  oceánica. La inhalación nos trae el hombre divino y el principio de la vida en la forma de oxígeno. La exhalación expulsa el dióxido de carbono, que para el flujo de la vida. La respiración profunda oxigena la sangre, atrae materias más sutiles al cuerpo, y expulsa la materia densa. Debemos asegurarnos de que nuestro discurso sea bueno, que nuestra boca esté limpia, y que el paso de las ventanas de la nariz a los pulmones esté libre.

El Prana que entra al cuerpo se divide en cinco pulsaciones de Pranas. El primer principio de Prana se llama Prana. Funciona en nosotros como la inhalación y provee al cuerpo de oxígeno. El segundo principio se llama Apana, exhalación. El tercer principio, Samana, mantiene el equilibrio entre Prana y Apana. Alcanzar este equilibrio es una de las metas principales del ejercicio de respiración. El cuarto Prana, Udhana, pertenece a la parte espiritual. Cuando este Prana se activa, el cerebro funciona extraordinariamente bien. El quinto principio, Vyana, fluye a través de los meridianos del cuerpo entero, que corren a través del sistema nervioso. La fuerza plena de la vida fluye a través de cada cosa.

Cuando las cinco pulsaciones están activas, las energías se elevan al centro de la frente y experimentamos la existencia etérica: notamos que existimos en un cuerpo de luz dorada, incluso cuando el cuerpo de carne y sangre muere. Tan pronto como podamos ejercitar esto con facilidad, olvidamos el proceso en sí mismo y entramos en los mundos internos. Cuando escuchamos la inhalación cuidadosamente, podemos oír el sonido SO; con la exhalación, oímos HAM. SO-HAM significa SAHA-AHAM, “Esto, yo soy.” Es el sonido doble de la pulsación. Escuchar este sonido doble del principio pulsante se llama la meditación del alma. Éste es el trabajo básico. Si lo hacemos regularmente, el Prana se regula y entramos en nuestro centro.

Aprender a respirar no es tan fácil como parece. Para ello es necesario sobre todo concentración y práctica. Una vez que comenzamos a dedicar unos minutos al día a respirar de manera consciente, controlando el ritmo, haciéndolo de forma pausada y profunda y concentrando nuestra atención en cómo nuestro cuerpo se oxigena y revitaliza, seremos capaces de disfrutar y perfeccionar esta técnica que aplicada de forma regular mejorará en gran medida nuestra calidad de vida.

Respirar de forma correcta además de actuar favorablemente sobre nuestro cuerpo, también renueva nuestro pensamiento y voluntad. Y es que una respiración pausada y profunda tiene un intenso efecto tranquilizante que reduce la ansiedad y permite que tomemos decisiones con más calma y de forma más acertada.

 

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