Wirikuta la tierra del peyote y lo sagrado

Los huicholes realizan anualmente esta peregrinación hacia el desierto de Wirikuta, en el Oriente, para recolectar a sus antepasados: hikuri, venado y agua de los manantiales de este lugar, que se encuentra en el estado de San Luis Potosí, México

Según la cosmovisión de los indígenas wixarikas (huicholes), aquí nació el mundo y da equilibrio a la vida. Imaginemos al mundo como una “gran casa” donde las fuerzas de la naturaleza son consideradas como deidades y antepasados; donde los hombres, originarios del mar, aprendieron a caminar por el desierto bajo una noche sombría y perpetua; y donde los dioses formaron el primer grupo de jicareros para alumbrar el camino de los humanos hacia el Cerro del Amanecer –aquel sitio donde sale el sol–. Este es retrato de la cosmogonía wixarika, la cual define la eterna peregrinación de los hikuritamete –peyoteros-jicareros–, los marakames y los kawiteros hacia Wirikuta.

De acuerdo con la creencia de los huicholes, durante el transcurso de la primera peregrinación algunos miembros de la comunidad kiekari –que significa “toda la comunidad” o “todo el mundo” en la lengua huichol–, se quedaron en el camino convirtiéndose en elementos de la naturaleza; tales como piedras, cerros, peñas, manantiales, lagos o animales.

Otros, los que alcanzaron a llegar a su destino, forjaron al grupo étnico huichol que ha sido reconocido social y culturalmente por el mundo entero. Desde entonces los antepasados se convirtieron en mitad hombres y mitad dioses, transformándose en elementos que sus descendientes necesitarían para sobrevivir: agua, sol, venados –entre otros animales de cacería–, maíz y plantas ritualísticas como el tabaco y el peyote. Es decir que, para los huicholes, estos elementos de la naturaleza son en realidad personas que necesitan, al igual que cualquier humano, de respeto y cuidado. Por ello, para los wixarikas, Wirikuta y todo lo que le rodea es sagrado y mágico.

Los huicholes tienen la creencia de que cada paso que se da en esta tierra sagrada está guiado por la sabiduría de los antepasados; por ello aseguran que de sebe de ir con el corazón y la mente abierto para poder recibir su sabiduría.

«Es importante ir ligero de pensamientos, dejar todos los problemas y preocupaciones atrás y darte la libertad de caminar en el desierto para aprender una nueva forma de ver el mundo» nos dice un artículo de México desconocido.

Wirikuta abarca una extensión de más de 140 mill hectáreas, por lo que es posible acceder a ella mediante diferentes rancherias. Para entrar a esta Reserva Natural Protegida es necesario pagar un boleto que los mismos comuneros te venden. Entrando a la zona, todo tiene significado.

Una vez al año, los huicholes hacen un viaje sagrado para obtener “Hikuri”.  Un experimentado mara’akame o chamán, que está en contacto con Tatewari (Nuestro Abuelo Fuego), es quien guía la jornada.  Tatewari, conocido también como Hikuri, el dios Peyotl, es el dios huichol más antiguo.  S

e le personifica con plantas de peyote en sus manos y pies, y es el intérprete de todas las deidades para los chamanes modernos; unas veces a través de visiones; otras, indirectamente a través de Kauyumari (Persona del Venado Sagrado y héroe cultural).  Tatewari condujo la primera peregrinación del peyote a Wirikuta, región ancestral donde abunda el peyote, muy lejos del área en la que actualmente viven nueve mil huicholes.  Guiados por el chamán, los participantes, diez o quince, toman la identidad de un antepasado deificado mientras siguen a Tatewari  “para encontrar su vida”.

Nierika. La visión de Tatutsi Xuweri Timaiweme
Nierika. La visión de Tatutsi Xuweri Timaiweme

La cacería del peyote es literalmente una cacería.  Los peregrinos llenan con tabaco las vasijas que son necesarias para el ritual del viaje.  Llevan guajes de agua, casi siempre para llenarlos al regreso con agua de Wirikuta.  Por lo general, llevan tortillas como único alimento.  Los huicholes recorren grandes distancias para llegar. Actualmente, una buena parte del trayecto lo hacen en vehículos, pero hasta no hace mucho los indios caminaban unos trescientos kilómetros para llegar a Wirikuta.

Mara´akame o Chamán
Mara´akame o Chamán

La preparación para recolectar el peyote comprende la confesión y la purificación rituales.  Las relaciones sexuales deben relatarse en público sin que haya muestras de vergüenza, resentimiento, hostilidad o celos.  Por cada falta cometida el chamán hace un nudo en la cuerda y al final del ritual la quema.  Después de la confesión, el grupo que se prepara para ir a Wirikuta -en el estado de San Luis Potosí-, debe lavarse antes de viajar al paraíso.

Al llegar ante las sagradas montañas que rodean Wirikuta, los peregrinos reciben un baño ritual y rezan a la fertilidad y a la lluvia.  Entre los cantos y plegarias del chamán, se inicia el tránsito al otro mundo.  Este paso tiene dos etapas: la primera es el puente hacia las nubes estruendosas y la segunda, la separación de las nubes. 

Esto no representa un lugar en la Tierra sino que pertenece a la “geografía de la mente”; para los participantes, pasar de una etapa a la otra es un evento lleno de emoción. Cuando llegan al lugar, el chamán inicia una serie de prácticas ceremoniales, narra historias sobre la antigua tradición del peyote e invoca protección para lo que ha de venir.  Aquellos que van por primera vez llevan los ojos vendados y el chamán conduce a los participantes hasta el “umbral cósmico” donde sólo él puede ver.  Todos se detienen, encienden velas y murmuran plegarias, mientras el chamán canta imbuido de fuerzas sobrenaturales.

Finalmente aparece el peyote.  El chamán ha visto las huellas del venado.  Lanza una flecha que va a dar al cacto.  Los peregrinos hacen ofrendas al primer Hikuri.  Buscan más peyote y llenan varias canastas con la planta.  Al día siguiente continúa la recolección; parte de este peyote se guarda para compartirlo con los que se quedaron en casa y el resto es para venderlo a coras y tarahumaras que, aunque usan el peyote, no van en su búsqueda.

Arte creada por medio de las visiones del Hikurí
Arte creada por medio de las visiones del Hikurí

Entonces tiene lugar una ceremonia en la se distribuye tabaco.  Las flechas se colocan apuntando a los cuatro puntos cardinales y a medianoche se enciende una fogata.  Según los huicholes, el tabaco pertenece al fuego, el chamán lo bendice ante el fuego tocándolo con plumas y distribuye a los peregrinos una porción que cada uno coloca en su cuenco; esto simboliza el nacimiento del tabaco.

Para los huicholes, la cacería del peyote es un regreso a Wirikuta, al paraíso, al arquetípico principio y final de un pasado mitológico.

Un mara’akame huichol contemporáneo se expresa como sigue: “Un día todo será como lo has visto ahí, en Wirikuta.  Regresarán las Primeras Gentes.  Los campos serán cristalinos y puros; todo eso aún no está claro para mí, pero en cinco años más lo sabré mediante más revelaciones.  El mundo terminará y la unidad estará de vuelta aquí.  Pero sólo para el huichol puro”.  

Fragmento del libro Plantas de los Dioses de Albert Hoffman

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